La potabilización del agua de mar por ósmosis inversa es un proceso que se ha utilizado durante más de 40 años para eliminar la sal y otros componentes químicos del agua salobre y, de este modo, hacerla utilizable para los seres humanos, la agricultura, los animales y los procesos industriales. Sin embargo, esta tecnología tan antigua ha ocultado hasta hoy algunos secretos que no han permitido una evolución sustancial desde sus orígenes.

Sin embargo, el reciente descubrimiento de un equipo de investigadores de la Universidad de Texas y de la Universidad de Penn abre el camino a una pequeña revolución que reducirá significativamente los costos de este proceso, en beneficio de las poblaciones que luchan diariamente con la escasez de recursos hídricos.

La ósmosis inversa, también llamada hiperfiltración, es un proceso químico-físico por el cual las moléculas de agua salobre son forzadas a través de una membrana, a fin de interceptar todos los elementos en solución y obtener agua purificada. Hasta ahora, el comportamiento del agua a través de estas membranas no estaba completamente claro: en particular, los científicos no podían explicar el diferente comportamiento del agua en diferentes puntos del sistema de filtración.

El estudio americano ha demostrado que el secreto de una filtración eficiente reside en la densidad y la distribución de la masa del material utilizado para fabricar la membrana osmótica. Si este filtro muy fino es perfectamente regular a escala nanométrica, purifica una cantidad mucho mayor de agua, siendo todas las demás condiciones iguales, con una ventaja consistente en términos de costo por litro de agua potable.

Los investigadores pudieron reconstruir un modelo tridimensional de la estructura de la membrana osmótica utilizando imágenes tomadas con el microscopio electrónico de la Universidad de Penn, uno de los más avanzados del mundo: el modelo les ha permitido reconstruir con extrema precisión el flujo de agua dentro de la membrana y definir la estructura ideal del material a utilizar. Según los científicos, un perfecto filtro a nanoescala ahorraría hasta un 40% de la energía necesaria para el proceso de agua potable: facturas más bajas y una mayor cantidad de agua potable disponible.