El vertido controlado de agua contaminada y procesada de la central nuclear de Fukushima al Pacífico ha provocado protestas en Japón y en los países vecinos, aunque las autoridades japonesas sostienen que la medida no supone ningún riesgo.

Los vertidos de este tipo son una práctica habitual en la industria de la energía atómica, y en este caso es un paso esencial en el largo y complejo proceso de desmantelamiento de la central nuclear accidentada en 2011, que cuenta con el visto bueno del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA).

– Se trata del agua de mar utilizada para refrigerar los reactores dañados tras las fusiones parciales del núcleo provocadas por el terremoto y el tsunami de 2011, y que está contaminada con isótopos radiactivos. A esta agua se suma la que se filtra desde el subsuelo hasta las instalaciones nucleares y que también está contaminada.

– El agua altamente contaminada que genera la central se procesa en unos circuitos denominados ALPS (Advanced Liquid Processing System) para eliminar 62 tipos de materiales radiactivos, a excepción del tritio.

– El tritio es un isótopo radiactivo del hidrógeno que se genera como subproducto de los reactores nucleares de fisión. También se genera de forma natural en la atmósfera y acaba en el agua de lluvia o en el agua potable.

– El tritio en concentraciones bajas similares a las que se encuentran en la naturaleza representa un nivel de radiotoxicidad insignificante. Los niveles de este elemento en el agua que se verterá al mar serán cuarenta veces inferiores al límite legal establecido por el Gobierno de Japón para el agua potable, y 1/7 del máximo fijado por la Organización Mundial de la Salud, según datos del Ejecutivo.

– El agua procesada se está almacenando en bidones en las instalaciones de Fukushima Daiichi, pero el espacio para ellos se agotará a mediados del próximo año. Las autoridades japonesas han decidido verterla al mar tras estudiar otras medidas como evaporarla o inyectarla en depósitos subterráneos, que se han descartado por su complejidad técnica y su elevado coste.

– Actualmente hay más de 1,25 millones de toneladas de agua almacenada en la planta. Esta cantidad está aumentando a un ritmo de unas 140 toneladas diarias.

Las asociaciones de pescadores de Fukushima lo han rechazado porque creen que dañará aún más la reputación de los productos locales, que arrastran el estigma radiactivo desde el accidente de 2011. Además, China, Corea del Sur y Taiwán han protestado por los planes de Japón, al considerar que el agua de Fukushima podría suponer un riesgo para la salud humana y el medio ambiente.

– Tras la decisión del gobierno, el operador de la central hará los preparativos técnicos necesarios para canalizar el agua almacenada hacia el mar. Está previsto que el vertido comience en torno a 2023.

– Los vertidos controlados de agua o vapor con tritio de las centrales nucleares son habituales. En la última década, países como Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Francia, China y Corea del Sur las han llevado a cabo, a veces con concentraciones de tritio superiores a las previstas en Fukushima.

La central se encuentra en la primera fase de su proceso de desmantelamiento, que consiste en la descontaminación de la zona y la retirada del combustible nuclear de los reactores menos afectados por el accidente. Se espera que el desmantelamiento finalice entre 2041 y 2051.