¿Cuál es la relación entre el tamaño del cerebro de un mamífero y la densidad de población de su especie en una región determinada? ¿Por qué la densidad de las distintas poblaciones de mamíferos terrestres -desde ratones a zorros, pasando por canguros o monos- varía tanto de una zona a otra? Entender cómo se distribuyen las diferentes especies en las distintas zonas geográficas y las razones de las mayores o menores densidades de población es fundamental para cualquier programa de conservación.

Un estudio coordinado por Manuela González-Suárez (Universidad de Reading, Reino Unido) muestra una relación entre la densidad de población de una especie y el tamaño medio del cerebro de esa especie. Los mamíferos con cerebros más grandes tienden a formar poblaciones más raras que los que tienen cerebros más pequeños.

Los modelos estadísticos utilizados muestran que, dada la misma masa corporal y también los mismos recursos en el territorio, el factor que más afecta a la densidad de población de una especie es el tamaño del cerebro, porque «un cerebro más grande no se corresponde con una mayor inteligencia, sino que siempre significa una mayor necesidad de alimento», explica el investigador. El cerebro es, de hecho, el órgano que más energía requiere de todos: en el caso de los seres humanos representa entre el 20 y el 25% del balance energético diario, aunque su peso, para un individuo adulto, no supera los 1.500 gramos.

El estudio, publicado en el Journal of Animal Ecology, muestra la relación entre el tamaño del cerebro, la masa animal, la dieta y la densidad de población de 665 especies de mamíferos terrestres no voladores. El análisis pone de manifiesto que los mamíferos con cerebros más grandes y una dieta especializada tienden a ser menos abundantes en una zona concreta que otros: la tendencia parece especialmente evidente en el caso de los carnívoros, y menos en el de los marsupiales y los roedores.

Un ejemplo: el macaco de Gibraltar (Macaca sylvanus) pesa una media de 11 kg, su cerebro unos 95 gramos, y tiene una densidad de 36 individuos por kilómetro cuadrado. Aproximadamente tres veces más que el siamang (Symphalangus syndactylus), un gibón que tiene aproximadamente el mismo peso y una dieta sustancialmente similar a la del macaco, pero que tiene un cerebro de 123 gramos.

También hay otros factores que influyen en la distribución de una especie, por ejemplo la competencia alimentaria con otras especies en el mismo territorio, y nuevas investigaciones podrían revelar nuevas correlaciones.

La excepción más evidente somos nosotros: el hombre, subraya el investigador, gracias a la inteligencia ha sido capaz de hacer frente a la falta de recursos y así ha conseguido colonizar casi todos los rincones del planeta, aumentando además progresivamente la densidad de población.